MARRUECOS UN LUGAR AL SUR DEL TIEMPO

 

Durante las próximas letras vamos a recorrer Marruecos, un país donde la diversidad y el exotismo brotan por cada rincón, produciendo al viajero sensaciones que difícilmente olvidará.

Solo hay que llegar a la frontera para darnos cuenta de que nos dirigimos a otra dimensión. Un hormigueo en nuestros estómagos nos indica que vamos a pasar unos días llenos de aventura y experiencias muy intensas. Sin duda, habrá un antes y un después una vez hayamos saboreado la esencia de este fascinante país.

Resultan paradójicas las diferencias tan extremas que existen entre Europa y el Norte de África, a pesar de la gran influencia que las dos civilizaciones se han transmitido a un lado y otro del Mediterráneo a lo largo de los siglos: cultura, religión, arquitectura, desarrollo económico... Otro aliciente más para descubrir un mundo nuevo, sorprendentemente cercano a la vez.

Muchas son las cosas que hay que descubrir por uno mismo: la llamada a la oración cruzando el paisaje a la salida y puesta del sol, el milenario arte del regateo, la hospitalidad regada con el delicioso té a la menta, la sonrisa eterna de esos niños que carecen de casi todo, los pueblos fundidos con el paisaje, los mil olores de sus medinas, y la sensación de que el tiempo apenas se mueve, que se desliza suavemente al ritmo de los constantes juegos de luces que salen a nuestro paso.

Todo esto no os lo podemos contar, sencillamente hay que vivirlo. Y esto sí que os lo podemos facilitar. Os invitamos a acompañarnos. Inicia ahora un primer viaje a través de las siguientes líneas: lee estos nombres, escucha su música y deja volar tu imaginación hacia el Sur. Te esperamos allí.

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EL NORTE DE MARRUECOS

 

El tópico que tenemos todos al relacionar el Norte de África con el desierto queda esfumado cuando lo visitamos: prados, lagos, grandes extensiones de sembrados en valles rodeados por montañas de tierra rojiza y tapizadas por verdes intensos, son la tónica general.

La costa Mediterránea está plagada de poblaciones que, gracias al turismo atraído por sus preciosas playas, a la pesca y a que no escasea el agua hacen que sea la región más próspera del país, junto con la rivera atlántica.

Tánger, ciudad cosmopolita, si bien tiene algunos atractivos turísticos, no es muy recomendable por la gran cantidad de pillos y buscavidas que se aprovechan de los turistas para hacer su “Agosto”.

Tetuán , población en el interior, ofrece la particularidad de mantener algunos de los legados del protectorado español durante su ocupación. Se puede hablar en español con facilidad con los nativos incluso pedir un bocadillo en alguno de los numerosos cafés que hay en la ciudad.

Al igual que Tánger también tiene problemas de seguridad pero de menor importancia. Su Medina resulta interesante.

El tercio Norte del país es el mas próspero y será donde mas similitudes encontraremos con la civilización occidental, en cuanto a progreso y vestimenta, por ejemplo, aunque, eso sí, conservando todo el encanto árabe.

El Medio Atlas y el Rif es una zona llena de atractivos muy variados. Sus majestuosas montañas están plagadas de pueblitos que nos podrían recordar a muchos de Andalucía. Un claro ejemplo es el pueblo de Chefchaouen, el pueblo azul, digno de pasear por sus empinadas calles e incluso visitar alguna casa de sus hospitalarios moradores. La ciudad más importante de la región, Fez, tiene una de las medinas mas importantes del país, sus estrechas callejuelas plagadas de puestos con los productos más insospechados, las especias, dulces, carnicerías improvisadas... son dignas de ver, sin olvidarnos de los curtidores de pieles, que usan un sistema ancestral para ello. Los malos olores de los productos que usan, compuestos de orina, excrementos de paloma, entre otras cosas, serán atenuados por unas ramas de hierba buena durante la vista del turista. Como dato anecdótico comentaros que dado que los trabajadores tienen que vivir con ese olor los matrimonios se realizan entre las familias de los trabajadores del gremio. Visitar la medina de Fez es realizar un viaje por el tiempo.

Al Oeste de Fez nos encontramos con Meknes, donde podremos contemplar la hermosa puerta de Bab Mansur, y desde dónde podremos acercarnos a Volúbilis, ruinas de la que fuera una de las mayores ciudades romanas del norte de África. El estado de conservación de su arco del triunfo y de muchos de sus mosaicos es muy bueno. Digno de ver.

Siguiendo en el Medio Atlas no podemos dejar de mencionar la pequeña Suiza, Ifrane, una estación de esquí con sus cabañas con techos a dos aguas y todo. Curioso ¿verdad? A pocos kilómetros de Ifrane nos encontramos con Azrou , población conocida por su mercado de madera de cedro, dicha madera extraída de los impresionantes bosques que la rodean.

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EL OESTE DE MARRUECOS

 

El Oeste de Marruecos es la parte más extensa dada la forma alargada que tiene. Está recorrida toda su cosa por el Océano Atlántico. Si lo recorremos desde el Norte comenzaremos por la capital, Rabat , ciudad afrancesada donde se encuentran los estamentos oficiales y la residencia real. Aún teniendo algún lugar con encanto no merece la pena pasar mucho tiempo en esta ciudad.

Siguiendo por la autovía rumbo Sur llegamos a Casablanca, mundialmente conocida por la película del mismo nombre protagonizada por Humphrey Bogart. Es la mayor y más cosmopolita urbe de Marruecos. Su mayor atractivo es la gran Mezquita de Hassan II, construida en los años 90, cuya arquitectura árabe es de gran belleza. No se escatimó ningún recurso para construirla y se usaron los mejores materiales traídos de todos los rincones de Marruecos. Como dato curioso deciros que su minarete es el segundo más alto del mundo después del de la Meca, puesto que ninguno puede superar en altura a este último. Visita muy recomendable.

Dejaremos por un momento la costa para adentrarnos en Marrakech , la ciudad roja. Con sus bulliciosas calles, intenso tráfico y un ambiente excelente no podremos resistirnos a ser atraídos por sus encantos. Su mejor baza es la gran plaza de Jemaa El Fna, con dos ambientes, el diurno dedicado al mercadillo y el nocturno, espectacular, restaurantes al aire libre en los que se pueden degustar los mejores platos de la gastronomía marroquí preparados ante nuestros ojos. Pero hay mucho mas, las artistas de la henna, pintan sobre el cuerpo cualquier cosa. Es tradición entre las mujeres decorar sus manos pintadas de henna: por poco dinero podrás tener un “tatuaje” provisional. También hay encantadores de serpientes, cuenta cuentos, peleas de boxeo, juegos de azar, etc. También en un lateral de la plaza hay infinidad de tiendas llenas de recuerdos y motivos árabes, además de los cd´s y ropa deportiva de marca, todo imitaciones, eso sí, muy buenas.

Antes de irnos de tan singular urbe, también debemos mencionar la medina de Marrakech, la más grande del país, un auténtico laberinto en el que hay que entrar con un guía si no queremos perdernos.

Volvemos a la costa Oeste, siempre con rumbo Sur pasaremos por diferentes poblaciones costeras: El-Jadida, Safi, Essaouira ... Está última es de obligatoria visita. Aunque la mayor parte de los turistas van allí por sus buenas playas y buenos precios, una vez que lo conocen se dan cuenta de que es uno de los pueblos con mayor encanto que hayan conocido. Su muralla portuguesa en perfecto estado, el puerto repleto de buques y barcas de pesca, todos con ese color turquesa y totalmente artesanales. Su moderna medina de amplias calles, en la que los artesanos venden auténticas obras de arte, joyas de plata, lámparas, alfombras, tallas de madera, es sin duda uno de los mejores lugares para comparar nuestros recuerdos.

Y como colofón una buena comida en uno de los numerosos puestos cerca del puerto a base de pescado y marisco, tú mismo elegirás del cesto lo que quieres comer.

Continuamos por la costa y ya en el tercio Sur “atracamos” en Agadir, también llamada por los españoles la Marbella marroquí, ya que las playas y las mansiones de los más pudientes conviven entre los turistas que descasan allí en sus vacaciones.

Más al Sur pasaremos por Sidi Ifni, donde lo único que nos puede llamar la atención es el legado español de las antiguas colonias.

Antes de llegar a Mauritania sólo encontraremos pequeñas aldeas pobres: ya se aprecia la aridez del desierto. Para los visitantes hay increíbles playas desiertas solo accesibles en todo terreno en las que las dunas y acantilados flanquean su acceso. Una de las mejores, Playa Blanca , ofrece 50 km de “autopista” con marea baja, en la que los barcos varados abandonados impresionan a todos. También podrás comer el mejor y más fresco pescado, y a precios de risa, si tienes la suerte de encontrar algún pescador a lo largo de la playa que incluso te cocinará tan suculentas viandas.

Finalmente mencionar las últimas poblaciones marroquíes: Tan Tan, Tarfaya, El Aaiun… todas ellas antiguas poblaciones coloniales españolas que sobreviven de la pesca.

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ALTO ATLAS Y MARRUECOS CENTRAL

 

Comenzaremos por el Valle del Drâa, uno de los ríos más importantes del país. Nace en el Alto Atlas y muere en el Atlántico, tras recorrer el desierto desapareciendo de forma intermitente en muchos tramos bajo la arena. Sus riberas están recorridas por infinidad de pueblos, palmerales, kasbahs y sembrados, muestra llevada al extremo para ver cómo el agua es la vida para los seres vivos. Increíble contraste el que ofrece la aridez del terreno con los lados del río de un verdor gratificante.

Las gargantas de los ríos Dadês y Todra otorgan un placentero recorrido en coche entre sus afiladas paredes de 300 metros en el caso de las del Todra, ambas con rocas de un color rojizo, dos puntos interesantes más para ver y conservar en nuestras retinas.

En la carretera que une Marrakech con Zagora nos encontraremos con algunas de las Kasbahs que dan nombre a la ruta de las kasbahs . La más importante de todas, tanto por su conservación, como por su tamaño y belleza, es la de Ait Benhaddou, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO . Un paseo por sus laberínticas calles nos harán retroceder miles de años en el tiempo. Algunas buenas películas han sido rodadas en parte en tan bello lugar, como por ejemplo “Gladiator”.

El Alto Atlas, como su propio nombre indica, es donde están los picos más altos de la cordillera del Atlas, montañas de entre 3000 y más de 4000 metros de altura. Existen pistas que te llevan hasta los 3000 m que te asoman a contemplar vistas de paisajes alucinantes, algunos de aspecto lunar, dado el material volcánico del que están compuestas. No es raro ver nieve en las cumbres pasado marzo.

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EL GRAN SUR MARROQUI

 

Zagora, es conocida como la puerta del desierto. Esta ciudad se ha convertido en paso obligatorio de todos los aventureros que pretenden salir al desierto o regresar de él. Sus pobladores, conscientes de este hecho, han sabido aprovechar esta circunstancia para montar sus negocios, infinidad de talleres mecánicos, en los que sus artesanales mecánicos hacen maravillas con poca herramienta y escasos repuestos. No faltan gasolineras, tiendas de recuerdos, venta de agua y víveres y hoteles, incluso algunos de lujo.

Al Sur de Zagora enfilamos hacia M´Hamid , población de 2000 habitantes, a 40 km de la frontera argelina, último reducto civilizado antes de adentrarnos en el desierto, con las dunas de Chigaga, algunas de ellas de impresionante tamaño. Si tomamos rumbo Oeste, nuestro recorrido por ríos de arena con algunas acacias esparcidas en la nada nos llevará al Oasis Sagrado, un oasis como siempre hemos imaginado, plagado de fértiles palmeras con una escasa laguna que da vida a este mínimo paraíso. Continuando en la misma dirección atravesaremos el lago Iriki , seco en la mayor parte del año, nos ofrece una inmensa llanura en la que lo único que veremos en el horizonte serán espejismos que origina la sal que se encuentra depositada en el suelo. Para retomar la civilización, repostar y descansar haremos unos kilómetros al Noroeste para llegar a Tata. Al Oeste está Tafroute , población berebere, ubicada en el corazón del Anti Atlas.

En el Sureste, a unos 200 km al Este de Zagora, tenemos otra maravilla de la naturaleza: el Erg Chebbi , Mares de dunas de un color rojizo, color que se produce al quemar el sol la arena. La población más cercana es Erfoud, plagada de hoteles para alojar los miles de turistas que quieren deleitarse del espectáculo que ofrecen tan curiosas formaciones de arena. No lejos de allí se encuentra Merzouga población “vigilada” por su majestuosa gran duna, millones de kilos de arena, fina como el polvo, un lugar mágico. Merzouga y sus alrededores están plagados de albergues donde pasar la noche en pleno desierto.

Hay dos cosas que no debemos dejar de hacer cuando estemos allí. La primera, madrugar para ver el amanecer entre las dunas: veremos cómo cambian las tonalidades de la arena a medida que el sol va haciendo acto de presencia. Nuestra otra recomendación es, durante la noche, tumbarnos en la arena boca arriba, veremos el cielo con más estrellas que jamás hayáis imaginado. Estos son, sin lugar a dudas, dos de los espectáculos más bonitos que ofrece la madre naturaleza en esta tierra de ensueño.

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Confiamos que este pequeño tour virtual haya servido para acercaros un poco a este Sur mágico que amamos y al que volvemos siempre que podemos. Esperamos tener ocasión de compartirlo con vosotros pronto.

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